Ponente
Descripción
Se presenta un trabajo de investigación en instancias inicial con el objetivo de compartir primeras aproximaciones en el campo. La propuesta se realiza en el marco del Doctorado en Ciencias Sociales de Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires (UNICEN), Argentina. El trabajo de investigación propone mirar los entramados comunicacionales, sociales y de relaciones (Elias, 1970) que se producen entre los agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense (directores, jefes de penales, jefes de educación y encargados educativos), trabajadores de UNICEN (coordinadores y docentes de los diferentes programas de educación y de extensión) y referentes y estudiantes que forman parte de las aulas universitarias alojadas en las distintas unidades penales, de hombres y mujeres, de los Complejos Centro Sur (N° 2 y 38 de Sierra Chica) y Norte (N° 7 y 52 de Azul) de la provincia de Buenos Aires, durante el periodo 2026 y 2027.
Partimos de entender a las aulas universitarias desde dos concepciones: por un lado, desde una enunciación nativa que las definen como un “espacios de libertad”, totalmente diferente a otro dentro de la cárcel, un lugar de diálogo, de escucha y de acceso a derechos. No solamente de acceso al derecho a la educación, sino como puente de acceso a otros derechos. Por otro lado, retomamos la mirada que propone Umpierrez (2020) quien sostiene que las aulas universitarias son el espacio físico, el territorio donde se produce la vinculación y articulación entre la cárcel (agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense y personas detenidas), la Universidad (Coordinadores de los programas de educación en contextos de encierro, docentes y estudiantes de las sedes de las facultades) y el Centro Universitario (referentes de las aulas universitarias) que le disputa sentidos tanto a la cárcel como a la universidad, en el que se conforman y entablan relaciones de poder ubicando a los Centros Universitarios como un “tercer actor”.
Tomamos la idea de “modelos de entramados” que propone Norbert Elías (1970) para entender a las aulas universitarias como espacio donde confluyen muchas personas individuales que, por su alineamiento elemental, sus vinculaciones y su dependencia recíproca están ligadas unas a otras del modo más diverso y, en consecuencia, constituyen entre sí entramados de interdependencia o figuraciones con equilibrios de poder más o menos inestables del tipo más variado. A partir de esta idea vamos a trabajar alrededor de dos modelos que propone el autor: por un lado, los entramados sociales donde las personas no están aisladas, sino que configuran grupos interdependientes de personas organizadas a escala estatal. Mirar los entramados sociales proponemos poner en tensión no solo la individualidad de las personas sino, también, la individualidad de las organizaciones, que a partir de la experiencia de la gente se configuran como si fuesen unidades completamente autónomas (nosotros la universidad, nosotros el Servicio Penitenciario, nosotros el Centro Universitario). Por otro lado, los entramados de relaciones que pretenden reconocer las diversas vinculaciones que se producen entre los diferentes actores en el espacio/tiempo que hacen al aula universitaria, al igual que cualquier otro espacio social, un lugar complejo. Por último, respetando la idea de entramados que propone el autor, agregamos los entramados comunicacionales (Uranga 2007) que se producen en el espacio áulico para identificar discursos, prácticas sociales, sentidos, significados que son parte fundamental de la cultura y la historia de una comunidad, entendiendo la comunicación como acción y práctica social.
En este sentido, nos posicionamos desde la comunicación como derecho humano que atraviesa y constituye el proceso social como producción, intercambio y negociación de formas simbólicas y culturales donde los contextos, los escenarios y los diferentes actores son protagonistas (Uranga, 2011). Mirar las aulas universitarias, alojadas en las cárceles, desde la comunicación como campo científico, nos exige trascender su sentido instrumental y técnico para alojarla como proceso social, que no solo contempla discursos que inscriben procesos subjetivos, donde los sentidos están en permanente disputa, sino que además producen significados y prácticas sociales.
Este conjunto de elementos – significados y prácticas sociales – que conforman a la comunicación como proceso social es parte fundamental en la construcción y conformación de los espacios institucionales y de las instituciones. Por lo tanto, tenemos como objetivo mirar a las aulas universitarias desde un plano comunicacional amplio (discursos, prácticas sociales, sentidos, significados, acceso a la información, como derecho humano y como puente para el acceso a otros derechos), recurriendo a un análisis que indague sobre los significados, los sentidos que se construye en torno a la multiplicidad de otros sentidos y significados, que propone la cárcel y la universidad y que atraviesan las aulas universitarias.
Para el desarrollo de la propuesta optamos por una metodología de investigación cualitativa que nos habilite el desarrollo de un proceso no lineal, iterativo o recurrente a partir de etapas compuestas por acciones que nos permitan adentrarnos más en el problema de investigación entendiendo que las tareas de recolectar y analizar datos son permanentes. De este modo, nos centraremos en un trabajo etnográfico que no solo estará anclado en la permanencia en el campo, sino en captar el significado de las acciones y los sucesos para las personas que tratamos de comprender (Spradley, 1979 en Ameigeiras, 2006). Desde esta perspectiva, nos centraremos en los sentidos y significados que los actores les atribuyen a las prácticas sociales (Sampieri, Collado y Batista Lucio, 2010). A su vez, desde una mirada epistemológica se pondrá especial énfasis en la aplicación de la metodología propuesta, teniendo en cuenta el posicionamiento que articula la perspectiva del investigador que transitó el contexto de privación de libertad para la construcción del escenario de investigación, lo cual requiere reflexividad (Tello, 2017) para la aplicación de una distancia analítica con “pre-disposición o aptitud y actitud en este caso crítica hacia las posiciones ocupadas y las situaciones experimentadas en el trabajo de campo” (p. 668).
Por lo tanto, la propuesta apela a diferentes técnicas y herramientas de investigación: I) a partir de considerar que el tema de investigación es complejo e incluye un amplio número de posibles variables se propone la técnica de grupos focales que permite que el investigador concentre el tiempo y los recursos en variables más pertinentes. Además, nos aporta a descubrir las percepciones de los actores respecto a lo que genera o impide un comportamiento, así como su reacción ante diferentes ideas y conductas. Asimismo, nos habilita a identificar las necesidades personales y colectivas y a desarrollar otros instrumentos y técnicas de estudio (Escobar y Bonilla Jiménez, 2011). II) En tal sentido se propone realizar entrevistas en profundidad con el fin de conocer las realidades a partir de la experiencia de los actores y entrevistas semiestructuradas que nos habilita la repregunta y centrarnos en el tema o problema de investigación (Uranga, 2009). III) Se propone, además, realizar observación participante que nos permite integrarnos a los grupos, compartir con los actores y asistir a reuniones como estrategia y acceso posible a las percepciones y valoraciones que los sujetos tienen de sus condiciones materiales de existencia (Uranga y Bruno, 2004 en Uranga, 2009). IV) proponemos como técnica el cuaderno de campo ya que es una forma narrativa y descriptiva de relatar observaciones, reflexiones y acciones relacionadas con las tareas de intervención en el campo (Uranga, 2009). V) proponemos acudir al relevamiento documental (actas, registros fotográficos, archivos periodísticos entre otros) entendiendo que el material documental suele producirse en contextos “naturales” de interacción social, lejos de la presencia del investigador, quienes revisan los documentos y quienes los producen no están preocupados por las reacciones del investigador-informante (Uranga, 2009).
En este marco teórico – metodológico se desarrollaron los primeros avances en el trabajo de campo que abordaron diferentes aspectos que aportan a la propuesta. Entre ellos se realizó un trabajo de reconstrucción de los espacios áulicos que permite visualizar las particularidades de cada aula y unidad penal. Asimismo, se construyeron cuatro grupos focales compuestos por ingresantes de 2026 de la FACSO con el objetivo de reconstruir las trayectorias educativas y el proceso subjetivo en la construcción del ser estudiante universitario. Por último, se realizaron registros, observaciones y relevamiento de documentación con el fin de recuperar los sentidos y significados que los propios actores construyen en y del espacio.
| País | Argentina |
|---|---|
| Correo electrónico | juanpablopalmieric@gmail.com |
| Modalidad de inscripción de la ponencia | Laboratorio de investigación |