Ponentes
Descripción
Resumen para EITICE 2026
Taller de Sistematización de Experiencias
Una sala donde caben todas las salas. La experiencia de constituir una comunidad educativa universitaria más allá de las clasificaciones penitenciarias
Mariana Kurchan (UNR)
marianakurchan@gmail.com
Lucía Rueda (UNR)
luciaruedaharispe@gmail.com
María Laura Almirón (UNR)
marialauralmiron@gmail.com
En las cárceles del sur de la provincia de Santa Fe, territorios penales sobre los que intervenimos desde la Dirección Socio-Educativa en Contextos de Encierro del Área de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Rosario, ha operado, históricamente, una lógica clasificatoria y de división de personas privadas de libertad que cometieron delitos sexuales o pertenecieron a fuerzas de seguridad. Esto, no sólo en lo referido a los espacios de reclusión específicos sino también a la imposibilidad de que compartan espacios educativos o laborales, entre ellos y/o con otros detenidos, encarcelados por otros tipos de delitos. Sin entrar aquí a una discusión específica sobre cómo se retroalimentan allí las representaciones construidas sobre esos “otros”, tanto desde el servicio penitenciario como desde la propia población penitenciaria, nos interesa dar cuenta de un proceso pedagógico que tuvo implicancias prácticas para el trabajo cotidiano de la Universidad en la prisión.
Desde el año 2023, en la Unidad Penitenciaria N° 3 de la ciudad de Rosario, existían dos salas universitarias que se organizaban, fundamentalmente, a partir de los límites que marcaban dicha clasificación penitenciaria. Es decir, asistían a una de ellas quienes estaban prisionalizados por causas vinculadas a delitos sexuales –en el servicio, denominados coloquialmente “ofensores sexuales” –, y en la otra, quienes habían ejercido roles como ex–fuerzas de seguridad. Al mismo tiempo, un tercer grupo, conformado por quienes no respondían a ninguna de esas condiciones, asistían también a las salas en horarios diferenciados. Por lo tanto, no existía la posibilidad de hacer confluir a los tres grupos de estudiantes universitarios en un espacio físico, generando esto una multiplicación del trabajo de gestión y articulación, y la reproducción de las clasificaciones propias de la trama carcelaria. Esta diferenciación, además, resultaba llamativa al examinarla en profundidad, ya que gran parte de la población detenida categorizada como “ex-fuerza de seguridad” también se encuentra allí por delitos contra la integridad sexual.
De este modo, y a partir de una serie de propuestas pedagógicas que tenían como eje central pensar los modos de transitar y habitar la sala universitaria, más allá de las respectivas cursadas de Carreras Universitarias en las que participan los estudiantes, se empezaron generar instancias de intercambio que promovían un movimiento, lento, micropolítico pero contundente, sobre la posibilidad no sólo de convivir sino también de avizorar la construcción de una comunidad universitaria en la prisión.
Así, luego de tres años de trabajo apuntando a crear y sostener espacios académicos que hicieran confluir a todos los estudiantes, ya sea de modo presencial o virtual (participación en seminarios, jornadas, encuentros, grupos de estudio, etc.), en una misma grupalidad, y de la insistencia del equipo universitario en el trabajo con el grupo completo de estudiantes –ya que la Universidad no se trabaja a partir de los delitos cometidos, ni se hacen diferencias entre grupos de estudiantes a raíz de ello–, surgió finalmente la posibilidad de destinar un espacio físico de la prisión para construir una sala universitaria donde cupieran todas las salas. Una propuesta que se sostenía, fundamentalmente, en el trabajo preexistente y una construcción minuciosa de los propios estudiantes en relación al cuidado de las salas. Este acontecimiento resulta inédito, en el sentido de que no solo es la primera vez que estos distintos grupos pueden convivir y compartir espacios en la Unidad Nº3, sino también en el sistema penitenciario santafesino. Además, por el momento, esta particularidad solo fue permitida en el espacio universitario y no en otras instancias que funcionan en la unidad (escuela primaria, escuela secundaria, espacios de salud, talleres no universitarios, destinos laborales, etc.). Sin embargo, a raíz de esta primera experiencia, los referentes culturales de la unidad han comentado que están pensando en implementarla gradualmente en algunos de ellos. Es decir que la Universidad, con su lógica de derechos, es capaz de interpelar sentidos y lógicas fuertemente instituidos.
Ubicada en el patio central de la cárcel -el patio San Martín-, desde el mes de abril de 2026 funciona un espacio de la Universidad Nacional de Rosario donde confluyen todos sus estudiantes, sin distinción de los delitos cometidos, que estudian carreras y que además realizan otras propuestas educativas de la Escuela de Oficios de la Secretaria de Extensión de la UNR. Por tanto, la propuesta de esta ponencia es dar cuenta de las diversas estrategias construidos desde el equipo de gestión de la Dirección Socio Educativa en Contextos de Encierro, para que el aula universitaria no sólo opere como una heterotopía (Foucault, 1997) en la prisión, un espacio otro, sino que también sea un espacio de inscripción de la “justicia cultural” (Grimson, 2014). Esta, puesta en acto a partir de una “revolución de las clasificaciones” en la que deje de operar la lógica delictual y/o tratamental, para que predomine una de los Derechos Humanos.
Si bien queda todavía el desafío de continuar construyendo una grupalidad educativa y política, ahora, en estas nuevas condiciones espaciales, el primer paso es profundizar el trabajo sostenido sobre la concepción de que la educación es una práctica vincular que puede hacer trascender, inclusive, las propias lógicas prisionales. “La Universidad es otra cosa”, fue la definición brindada por uno de los referentes culturales de la prisión, como expresión del aval institucional a la confluencia de los estudiantes. Sin la necesidad de establecer ese marco diferenciador con el resto de la población encarcelada, es interesante dar cuenta de cuáles son los procesos habilitadores que el marco de las prácticas educativas en general, y las universitarias en particular, habilitan para construir, parafraseando y deformando el axioma zapatista, una sala en la que caben todas las salas.
Referencias
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Foucault, M. (1997). Los espacios otros. Astrágalo: Cultura de la Arquitectura y la Ciudad, (7), 83-91.
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Grimson, A. (2014). Culturas políticas y políticas culturales. CLACSO, Ediciones Boll Cono Sur.
| País | Argentina |
|---|---|
| Correo electrónico | luciaruedaharispe@gmail.com |
| Modalidad de inscripción de la ponencia | Taller de sistematización de experiencias |